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LA SOCIEDAD MADRILEÑA EN GALDÓS
(Discurso de ingreso en la Real Academia Española de
Luis Ángel Rojo)
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SEÑORAS
Y SEÑORES ACADÉMICOS:
Os agradezco profundamente la generosidad que
habéis mostrado al confiar en que mi colaboración pueda
ser de utilidad a esta Academia. Acudo a tan honrosa convocatoria
consciente de la responsabilidad que asumo y con la esperanza de no
decepcionaros.
He dedicado mi vida profesional al estudio, la enseñanza y
la práctica de la Economía, y he podido constatar así
hasta qué punto nuestra lengua, con su riqueza y su difusión,
es uno de los mayores activos con que cuentan las economías
de los países de habla hispana. Los esfuerzos por mantener,
actualizar y depurar nuestro idioma son, desde esta perspectiva, una
inversión económica de gran importancia.
Ocurre, sin embargo, que el léxico económico que habitualmente
utilizamos es un frondoso jardín de extranjerismos, generalmente
de origen inglés. No es este un problema privativo del castellano:
razones históricas bien conocidas han hecho de la Economía
un ámbito de conocimientos y técnicas de estirpe e impulsos
principalmente anglosajones, cuyos conceptos, vocablos y expresiones
se han extendido a todo el mundo sin encontrar, a menudo, correspondencias
y traducciones correctas en los distintos idiomas. La situación
es, en buena medida, irremediable por razones de arraigo histórico
o de conveniencia práctica en una economía mundial que
presenta un alto grado de integración. Creo, sin embargo, que
existen márgenes para la depuración y la mejora de nuestro
lenguaje económico, y espero que mi trabajo pueda ser útil
a la Academia en este terreno.
Mi sentimiento de responsabilidad aumenta cuando considero que esperáis
de mí la difícil tarea de ocupar el vacío dejado
entre vosotros por la desaparición del Excmo. Sr. D. Jesús
Aguirre, Duque de Alba. Fue don Jesús Aguirre persona de inteligencia
clara, agudo ingenio y juicio independiente, que expresó en
su atención a amplios sectores del pensamiento y las artes
y en su esfuerzo por contribuir a la transformación política
y a la mejora intelectual y artística del país.
Le conocí en los primeros años sesenta, tras su regreso
de una larga estancia en Alemania. Era entonces Jesús Aguirre
un joven sacerdote que había obtenido el título de doctor
en la Universidad de Múnich con una brillante tesis sobre Guillermo
de Occam y había completado una sólida formación
en las tendencias más recientes de la Teología; al tiempo,
sin embargo, había estudiado con profundidad la interpretación
del pensamiento marxista propuesta por las principales figuras de
la Escuela de Frankfurt –Adorno, Horkheimer, Benjamin–
que habían de influir apreciablemente en sus ideas, las cuales
nunca llegaron, por lo demás, a integrarse en el marxismo.
La llegada de Aguirre, con este bagaje intelectual, al ambiente mediocre
y cerrado de la España de aquellos años había
de hacer de él una figura crítica, observada con suspicacia
por las autoridades y pronto admirada por los profesores y estudiantes
que acudían a escuchar sus sermones renovadores en la iglesia
de la Ciudad Universitaria de Madrid. Al poco tiempo desempeñaba
ya un papel relevante en el mundo de la disidencia antifranquista
y actuaba como figura de referencia en la conexión entre corrientes
variadas de la oposición a la dictadura... (EXTRACTO)
Luis Ángel Rojo
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