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16.
LA SÓLIDA SOMBRA DE DON BENITO
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Empiezo
por advertir al lector que no espere de estas breves líneas
un apunte erudito acerca del autor que suscita nuestro volumen. A
la erudición y al detalle se consagran aquí muchas e
importantes páginas a las que no aportarán las mías
sino un matiz personal e interpretativo. Sólo me propongo esbozar
unas ligeras reflexiones sobre la consideración de Galdós
desde la perspectiva de nuestro horizonte literario actual, de las
cuales ya puede ir la primera por delante: a tenor de la literatura
que se publica hoy por la abrumadora mayoría de los autores
españoles, Pérez Galdós es un escritor completamente
moderno.
No sé qué hubieran llegado a pensar los miembros de
la generación del 27 –en particular los novelistas–
si alguien les hubiera dicho que esto ocurriría más
allá del arranque del siglo XXI. Quizá se hubieran llevado
las manos a cabeza pensando que el mundo retrocedería en el
futuro y que ellos no estaban dando un paso adelante, sino un paso
lateral en la historia de la literatura. Y tal vez tuvieran razón.
Porque, para empezar, la lectura en el siglo XXI no es en absoluto
lo que fue. Los padres de las vanguardias dirigían sus páginas
a una clase lectora que suponían harta de realismo, de costumbrismo
y de sentimentalismo. Lo suponían porque, ellos mismos, como
lectores, estaban cansados y aburridos de leer aproximadamente lo
mismo una y otra vez. Sin embargo, también hubieran debido
suponer que la vanguardia y la experimentación, aunque muy
logradas y sinceras, terminarían por empujar el péndulo
en sentido contrario provocando en sus lectores el mismo hastío
que a ellos les producía lo naturalista.
El caso es que en nuestras librerías predomina con muy contadas
excepciones la literatura realista burguesa. Y más aún,
la literatura histórica. Y todavía más, la literatura
impregnada de un aroma general de liberalismo que, si en el siglo
XIX tenía sus cotas y sus terrenos de controversia, también
los tiene, aunque distintos, en este que vivimos. Es sorprendente
y da mucho que pensar el hecho de que los maestros de don Benito (Dumas,
por ejemplo) sigan siendo los maestros de nuestros autores más
vendidos (Pérez-Reverte, por ejemplo), los cuales, además,
vuelven a empeñarse en esa labor de la recreación histórica
nacional que ensanchó en castellano la figura de don Benito
con el torrencial y extraordinario empeño de sus Episodios.
La modernidad de Galdós, en definitiva, parece poco discutible.
Sin embargo, su magisterio sí que lo es. Pocos novelistas españoles
jóvenes o medio jóvenes invocarán su nombre cuando
se les pida una lista de influencias. Y seguramente también
ellos tienen razón, porque no se trata de una influencia directa,
sino de sustrato. Al fin y al cabo, las líneas generales de
la situación actual no son tan distintas a las de la época
en que vivió Galdós: como nosotros, el conoció
una monarquía y dos partidos alternándose en el poder,
un gran imperio predominante (entonces Gran Bretaña) y una
vasta clase proletaria que hoy se correspondería con la de
los inmigrantes. Don Benito ganó prestigio y dinero con el
teatro como hoy lo ganan algunos autores con los guiones de cine o
de televisión. Y aunque ahora se codicia el éxito tanto
como entonces, existe una diferencia: la actual competencia es más
feroz, porque el número de autores literarios españoles
crece en progresión geométrica. No digo de los que se
llaman a sí mismos escritores (cantante y escritor,
presentador de televisión y escritor, odontólogo y escritor),
que el número de ésos resulta incontable, sino el de
los que pueden llamarse en puridad autores literarios... (EXTRACTO)
Alberto Porlan, Filólogo, escritor y director
de cine.
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