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ENTREVISTA A ANGELINO FONS,
director de cine y autor de la versión de Fortunata
y Jacinta, (1970); y de Marinela, (1972)
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Para
realizar esta entrevista nos desplazamos hasta el pueblo de la sierra
madrileña de El Escorial. Angelino Fons nos ha pedido que nos
reunamos con él en el bar-restaurante Parada y Fonda.
La importancia de este hecho, aunque circunstancial, sirve como base
para comenzar la conversación. (En 1976, Angelino Fons dirigió
Emilia, parada y fonda, basada en un cuento de Carmen Martín
Gaite.)
ISIDORA:
Las descripciones que hace Galdós de sus personajes ¿facilitan
o entorpecen la adaptación del guión?
ANGELINO FONS: Galdós tiene una parte de su
novela que todos ven como muy realista. No naturalismo, porque no
es una narración naturalista, es una narración realista.
Pero tiene también una gran carga de fantasía y de surrealismo,
porque muchos personajes suyos son así.
ISIDORA: ¿Cómo llega Angelino a Galdós
o es Galdós quien llega hasta Angelino?
A. F.: Aunque yo procedo más bien de la literatura,
a mí nunca se me habría ocurrido, porque Fortunata
y Jacinta es una novela enorme, grandísima… Te hablo
de una película como para hacer Doctor Zivago…
o más grande, casi, ¿no? Vino a mí como producción,
que no la busqué yo. Se le ocurrió a Emiliano Piedra,
por Emma [Penella]. Porque empezó planteándose qué
se podía hacer… Hablando con [el productor] Alfredo Mañas
se pensó en Fortunata. Y entonces, bueno…, empezamos
a trabajar en ello, en Fortunata, pensando en un papel para
Emma. Emma no daba en absoluto [el personaje] como lo describía
Galdós. Porque él describe una chica joven como…,
tipo Ana Belén. Sin embargo, es curioso, porque Emma da muy
bien como Fortunata, psicológicamente, como personaje, con
fuerza, con arranque. Y Ana [Belén], que tiene en principio
un físico más adecuado, hace una Fortunata con menos
fuerza, apacible, un personaje muy tranquilo, casi pasivo, al que
le van ocurriendo las cosas como un destino que va cayendo sobre ella…
Y el personaje de Galdós es muy fuerte. A Fortunata le pasan
cosas, pero actúa, se rebela, y lucha por su vida…, y
decide: «quererle como yo le quiero no debe ser pecado».
(EXTRACTO)
J. C. Carrazón.
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