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ISIDORA nº 2
 
1. Editorial

2. Sueños plebeyos.
(Luis Mateos Díez)

3. Galdós, ahora.
(Jorge Rodríguez Padrón)

4. Dos novelas de Galdós dialogan.
(Ernesto Viamonte Lucientes)

5. In memoriam. Testimonios en memoria de John W. Kronik.
(Akiko Tsuchiya, Germán Guyón, Alan Smith, Peter Bly, Rosa María Quintana)

6. <<¿Qué es un Galdós?>> Los estudios galdosianos en la edad posmoderna.
(John W. Kronik)

7. La presencia de la obra de Benito Pérez Galdós en la prensa mexicana: novela, teatro, cine, radio, televisión.
(John H. Sinnigen)

8. El lenguaje coloquial (humano) en Galdós.
(Ana María Vigara Tauste)

9. Tópicos y otros vestigios periodísticos galdosianos entre 1882 y 1901.
(Cecilio Alonso)

10. La loca de la casa: Película y novela cinematográfica.
(María de los Ángeles Sánchez)

11. Efemérides.

12. Galdós y su público.
(Francisco Ayala)

13. La trama sociopolítica de Alma y Vida.
(Rosario de la Nuez Torres)

14. Dos retratos de Amaranta.
(Yolanda Arencibia)

15. Fortunata y las señoras circunstancias
(Andrés Trapiello)

16. Galdós en el cine.
(Angelino Fons)

17. Entrevistas a Mario Camus
(Juan Carlos Carrazón)

18 Entrevista a Angelino Fons
(Juan Carlos Carrazón)

19. La conjuración del as palabras.
(Benito Pérez Galdós)

     20. Traducción al japonés. (Ranko Hiraoka)
     21. Traducción al catalán.
(D'Amadeu Viana)
     22. Traducción al francés. (Pierre Audureau)

23. La pluma en el viento o el viaje de la vida...
(Benito Pérez Galdós)

     24. Traducción al árabe.
(Manar Abdel Moez Ahmez y Abir Mahamed Abd el Salam)
19. LA CONJURACIÓN DE LAS PALABRAS


Érase un gran edificio llamado Diccionario de la Lengua castellana, de tamaño colosal y fuera de medida, que, al decir de los cronistas, ocupaba la cuarta parte de una mesa, de estas que, destinadas a varios usos, vemos en las casas de los hombres. Si hemos de creer a un viejo documento hallado en viejísimo pupitre, cuando ponían al tal edificio en el estante de su dueño, la tabla que lo sostenía amenazaba desplomarse, con detrimento de todo lo que había en ella. Formábanlo dos anchos murallones de cartón, forrados en piel de becerro jaspeado, y en la fachada, que era también de cuero, se veía un ancho cartel con doradas letras, que decían al mundo y a la posteridad el nombre y significación de aquel gran monumento.

Por dentro era un laberinto tan maravilloso, que ni el mismo de Creta se le igualara. Dividíanlo hasta seiscientas paredes de papel con sus números llamados páginas. Cada espacio estaba subdividido en tres corredores o crujías muy grandes, y en estas crujías se hallaban innumerables celdas, ocupadas por los ochocientos o novecientos mil seres que en aquel vastísimo recinto tenían su habitación. Estos seres se llamaban palabras.

* * *

Una mañana sintióse gran ruido de voces, patadas, choques de armas, roce de vestidos, llamamientos y relinchos, como si un numeroso ejército se levantara y vistiese a toda prisa, apercibiéndose para una tremenda batalla. Y a la verdad, cosa de guerra debía de ser, porque a poco rato salieron todas o casi todas las palabras del Diccionario, con fuertes y relucientes armas, formando un escuadrón tan grande que no cupiera en la misma Biblioteca Nacional. Magnífico y sorprendente era el espectáculo que este ejército presentaba, según me dijo el testigo ocular que lo presenció todo desde un escondrijo inmediato, el cual testigo ocular era un viejísimo Flos sanctorum, forrado en pergamino, que en el propio estante se hallaba a la sazón... (EXTRACTO)

Benito Pérez Galdós.
 


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