Confío
en que me concedan el beneplácito de la satisfacción
al continuar nuestra serie editorial de Isidora con el número
4 de primavera, que ahora abre sus brazos a la vida. Nuestra publicación
se hace cuatrimestral y quiere sobrevivir «en el infierno de
las grandes editoriales», en un mundo difícil y lleno
de obstáculos de diversa índole para las publicaciones
entendidas como «decimonónicas ». Y es que las
revistas culturales siempre han tenido un carácter efímero
en España; una vida intensa, pero corta. Las razones son muchas,
variadas, y en muchos casos insoslayables: cansancio del editor, ruinas,
pérdida de los apoyos, distribución dudosa, oscuras
censuras, razones de índole ética o moral...
El proyecto de Isidora, a la que muchos ya han augurado el
óbito e incluso asistido
a su sepelio, lucha como pez en el agua por la supervivencia con una
clara y sostenida
definición del ser, pero también del estar.
Verbos, como todos sabemos, inexistentes en
algunas lenguas, quizás también en algunas imaginaciones.
No importa mucho si ahora
el mundo aparente de las cosas se superpone al de la realidad, al
del trabajo bien fait,
haciéndonos ver un hecho a todas luces real: que la cultura
no es rentable. Esto tampoco
debe importar, y hay muchos que afortunadamente lo entienden. Tenemos
la edad
que tienen nuestros proyectos, y desde aquí, aun con grandes
dificultades financieras,
entonamos el no pasarán y seguimos –en esto
bien galdosianos– trabajando con constancia
y firmeza, que es exactamente lo que hay que hacer cuando se tienen
proyectos
y se combate por ellos.
Queremos crecer y progresar mejorando siempre, llegar hasta todos
aquellos que
confían en nuestro trabajo y hasta quienes también creen,
como nosotros, que la filantropía
no se extingue. No. No se extingue. Omne tulit qui miscuit utile
dulci lectorem
delectando pariterque monendo («Logró toda la perfección
el que mezcló lo útil con
lo agradable, deleitando e instruyendo a la vez al lector»),
que diría nuestro amigo Larra (harto de citas y latinismos
en decadencia, aunque el tópico horaciano tenga más
razón que un santo). Todavía quedan hidalgos generosos
que con su confianza y entrega a las letras han dado nervio, energía
y apoyo a esta –de ustedes– publicación. No puedo
dejar de recordar en estos días –tristes– al profesor
Claudio Guillén, quien, casi como una premonición, nos
había comunicado: «No quiero escribir más por
ahora sobre Galdós»; pero nos envió, no obstante,
su artículo a Francia felicitándonos por la publicación
y por la Navidad. El artículo, Galdós: La interliterariedad
de los primeros Episodios, que ahora reproducimos aquí
compartiendo publicación con la editorial Crítica (que
lo recoge en De Leyendas y lecciones) testimonia por un lado,
que de su periplo nos ha quedado una larga estela; y es, por otro,
testimonio también de nuestro agradecimiento por su generosidad
y buen hacer, por todo el enorme y valioso trabajo de su vida. Gracias
desde aquí a todos los que apoyan esta Isidora con
algo tan impagable como es el talento. Gracias también a Beatriz
Entenza, por sus muchas horas dadas al galdosismo. Ya nos veremos
juntos en el otro viaje. Hasta siempre.
Dra. Rosa Amor, (Directora y Editora)
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