|
7.
MANUSCRITOS GALDOSIANOS (1)
|
* Artículo homenaje a la muerte este año de la
investigadora Beatriz Entenza.Publicado en Las Actas del Tercer Congreso
Internacional de Estudios Galdosianos. Vol. I. Las Palmas de Gran
Canaria: Ediciones del Cabildo Insular de Gran Canaria, 1989-1990.
Pp. 149-161. ISBN 84-86127-48-3 (o.c.)
Hace ya bastantes años que los manuscritos de la mayoría
de las obras de Galdós están en bibliotecas públicas,
a disposición de los investigadores. No faltan estudios en
que se ha recurrido a ellos en mayor o menor medida. Creo, sin embargo,
que una revisión de la bibliografía galdosiana cuyo
objetivo fuese la búsqueda de estos trabajos arrojaría
resultados sorprendentemente escasos en relación con lo que
esos manuscritos merecen. Parecería que los galdosistas no
acabáramos de convencernos de que tenemos ahí una riquísima
cantera (2). No se trata –a veces nos acusan
de ello– de elaborar ociosas listas de enmiendas y tachaduras;
ni de atisbar, con curiosidad malsana, las posibles debilidades del
escritor: los desajustes, las torpezas iniciales, alguna falta de
ortografía... El estudio de los manuscritos nos permite asomarnos
al proceso de creación, ver cómo el autor va buscando,
probando, acercándose a la meta. Lejos de ir en desmedro suyo,
nos lleva a apreciar mejor su trabajo. (...)
Beatriz Entenza De Solare, (Investigadora y crítico
literario).
----------------------------------------------------
(1) Dedico
estas páginas –tal como dije al exponer su contenido
ante nuestros colegas– al profesor Reginald Brown, muerto en
abril de 1985. Con él había conversado largamente sobre
estos asuntos. Su presencia, siempre cálida y alentadora, se
echaba mucho de menos en aquel congreso al que él, sin duda,
hubiera asistido.
(2) Cuando elegí este tema, mi intención
no era, de ningún modo, inocente. No solamente me parecía
ver menos interés en el estudio de los manuscritos que el que
tales manuscritos merecían: también había observado,
en personas de quienes no cabía esperarla, una actitud negativa,
peligrosa sobre todo por venir de quienes venía. (El propietario
de un manuscrito, después de ponerlo con toda gentileza a mi
disposición, me informó de que aquello era «muy
viejo*, y mostró su sorpresa ante eI hecho de que yo quisiera
estudiar unos papeles que contenían lo mismo que se podía
comprar en cualquier tienda. Y una persona que ocupaba un importante
cargo en una biblioteca me dijo que los manuscritos que allí
se custodiaban no tenían ningún interés porque
se trataba de obras ya publicadas). Al hablar en el congreso sobre
estas cuestiones, me proponía, por una parte, suscitar el diálogo
con quienes tuvieran mi misma preocupación, y, por otra, contribuir
a despertar el interés de los alejados y avivar el de los remisos.
Ni en uno ni en otro aspecto me vi defraudada. Tanto en el coloquio
que siguió a la exposición como en las siempre gratas
charlas de pasillo, pude comparar experiencias con investigadores
que trabajaban en este terreno, y conversar con otros, interesados
en dedicarse a él. Hasta se me acercaron personas que no me
habían escuchado, pero sí habían oído
comentarios de los asistentes (sobre todo, había despertado
mucho interés el ejemplo que extraje del manuscrito de Tristana).
Lo mismo sucedió en el Congreso internacional organizado por
la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad
Complutense para celebrar el centenario de Fortunata y Jacinta
(23 al 28 de noviembre de 1987). Conociendo la entusiasta participación
estudiantil que se da en las reuniones científicas impulsadas
por esa casa, decidí hablar otra vez sobre los manuscritos
–variando los ejemplos, naturalmente–. También
entonces pude apreciar el interés de alumnos y de graduados
recientes por este campo de trabajo. |