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11.
BENITO PÉREZ GALDÓS, INVENTOR DEL REALISMO MÁGICO
EN CELÍN (1887)
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El
origen del término realismo mágico no reside en el ámbito
de la literatura, sino en el de la pintura, cuando en 1925 el crítico
alemán Franz Roh lo utiliza para designar a un grupo de pintores
germanos de la postguerra. La temática y los elementos de las
obras de estos artistas, sucesores del Postexpresionismo, se caracterizan
por ser imaginarios, fantásticos e irreales. Paulatinamente,
la nueva corriente se extiende a otros países de Europa: Holanda,
Italia y Francia, cruzando finalmente el Atlántico y arribando
a los Estados Unidos. Hacia los años 40, el Museo de Arte Moderno
de Nueva York ofrece la exposición «Realistas americanos
y realistas mágicos». En esa misma década los
críticos de literatura recurren al nombre de realismo mágico
para definir el estilo narrativo de algunos autores.
En el terreno literario, los escritores sudamericanos hispanoparlantes
acuñan la expresión
a partir de las interpretaciones de los europeos en la etapa de la
colonización
del nuevo continente. Las crónicas de esa época abundan
en el relato y descripción de
cosas maravillosas, producto de la extrañeza que provocaron
en los exploradores lo que
vieron en sus viajes. A partir de esta tradición de la interpretación
de la realidad del
nuevo continente a través de ojos europeos se crea una visión
sobrenatural de la realidad
latinoamericana: prodigios como animales fantásticos o ciudades
ocultas, fuentes
de la eterna juventud y árboles cuyos frutos eran capaces de
proveer todo lo que los
hombres necesitaban para su subsistencia.
Entre las décadas de los años 20 y 30 del siglo XX,
muchos escritores y artistas hispanoamericanos viajan a Europa, donde
toman contacto con teorías como el surrealismo
o el psicoanálisis, buscando los aspectos sobrenaturales necesarios
para crear una realidad basada en los sueños y el subconsciente.
Revoluciones culturales y políticas, supersticiones, dictaduras
y otros procesos se combinan con las vanguardias europeas y con las
principales inquietudes en el mundo entero sobre los problemas humanos
y existenciales, ofreciendo un escenario ideal para impulsar el realismo
mágico en la literatura, convirtiéndolo en una senda
hacia la consolidación de una identidad regional.
Marta González Megía, (Universidad
de Alcalá de Henares)
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