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13.
GALDÓS Y BUÑUEL: FORMAS DE CONCLUIR
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Las
adaptaciones al cine constituyen hoy en día uno de los aspectos
esenciales de la fortuna de un texto. Tal como señala Darío
Villanueva, la versión cinematográfica de una novela
es «un índice valiosísimo de respuesta creativa
individual, y también social, a la literatura» (1).
Esto es debido a que el cine se ha convertido en el testimonio arquetípico
del sentido cultural de nuestro tiempo (en un papel análogo,
por cierto, al que le correspondió a la novela en el siglo
XIX).
Por supuesto, la adaptación al cine de las obras literarias
plantea problemas específicos. En primer lugar, hay que tener
en cuenta que la obra adaptada lo es siempre en un contexto histórico
y cultural diferente de aquel en el que se ha producido. La transferencia
puede o no afectar a la intriga, al espacio-tiempo diegético
o a los personajes, pero alcanza necesariamente al punto de vista,
porque atañe a la sensibilidad, al modo de entender las cosas
de una época, y porque es un cambio forzoso de perspectiva.
Veamos un ejemplo claro: al final de la película Marianela
(Benito Perojo, 1940) se añade una escena de nueva planta,
en la que todos los personajes rezan un padrenuestro en torno a la
difunta Nela. Este plano está presidido por la figura de una
gran cruz que el enrejado de la ventana proyecta sobre un visillo.
Al igual que sucede cuando se analizan las distintas ediciones de
una obra,
en ocasiones como la aludida esta adaptación cinematográfica
dice más sobre Perojo y la sociedad española de la inmediata
posguerra que sobre Galdós y el momento en que escribe Marianela,
precisamente entre Gloria y La familia de León Roch,
dos de sus llamadas «novelas teológicas», cuyas
tesis resultan poco complacientes para la ortodoxia eclesiástica.
Arantxa Aguirre Carballeira, (Doctora en Filología)
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(1)
Villanueva, Darío. El comentario de textos narrativos:
la novela. Gijón: Júcar, 1989, p. 208.
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