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14.
EL ABUELO VERSUS LA DUDA, UNA REFLEXIÓN
POCO ACADÉMICA
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Una
sucesión de acontecimientos no altera el transcurso de la historia,
que se nutre de ellos precisamente y que va transformándose
continuamente; en realidad, lo que altera la historia es su interpretación.
Conocemos y aceptamos el encadenamiento de los hechos, pero cada época
explica a su manera sus causas y sus consecuencias. Por eso la historia
se reescribe continuamente, porque es una necesidad intrínseca
a aquel que quiere relacionar el presente con el pasado y hacerlo
sin imperativos causales. Para Galdós, un acontecimiento es
el resultado de otro. Y así va encadenando su mundo en una
historia particular que emerge de un todo literario. El público
ha ocasionado que, desde hace ya algún tiempo, la obra de arte
adquiera un carácter verdaderamente peculiar, al desempeñar
en nuestra sociedad un papel distinto al que le correspondía
en los siglos pasados.
El camino de la vía teatral es, con todo, diferente. En los
años de Galdós, paulatinamente, la obra de arte se democratizaba,
si bien, esta democratización del público teatral se
produjo muy lentamente. Con el tiempo, el teatro dejará de
ser privilegio de una clase. Galdós no busca contempladores
en un estrato social determinado; su alcance abarca las categorías
más distintas. La obra nace y vive en función del artista
que la ha creado con la intención de recibir los plácemes
de aquellos que pueden comprenderla. Cuando esto no sucede, pero sí
suceden los fracasos escénicos, una sensación de soledad
e incomprensión invade al autor, quien tiene que lograr la
captación consciente del público mediante adhesiones
individuales y voluntarias, más que por la sumisión
a convenciones sociales. Por esta razón, los admiradores de
la obra galdosiana pueden pertenecer a grupos humanos muy distintos.
Parece claro.
Hoy, el teatro y la historia han realizado algunas metamorfosis. Desmaterializamos
los objetos al conferirles una realidad distinta de su destino original,
y afirmamos con ello la autonomía del arte. Somos testigos
de las consecuencias de este cambio radical, que halla en la obra
literaria impresa el instrumento indispensable de esa metamorfosis.
El teatro ha sufrido a su vez varias transformaciones antes de convertirse
en el auxiliar indispensable de la nueva actitud del público.
Al incorporar la historia a la obra dramática, ésta
hallará en sí misma la razón de su existencia;
si necesitase otras justificaciones de índole práctica,
entonces los teatros serían un absurdo.(...)
Dra. Rosa Amor del Olmo, (UCO, Angers)
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